viernes, 17 de junio de 2011

NOTAS SOBRE LIBERTAD DE PRENSA

La segunda vuelta desencadenó una polarización sin precedentes que envolvió a los medios de comunicación. La izquierda y la derecha mediáticas se enzarzaron en una guerra sin cuartel: un sector denunciaba labor de prensa y propaganda del otro invocando principios periodísticos mientras hacía prensa y propaganda por su candidato. Mario Vargas Llosa dejó El Comercio y se pasó al diario que apoyaba sin pudor a su fórmula presidencial. La semana pasada, Rafael Correa, presidente chavista de Ecuador, le puso el toque del sabor: habló de “una prensa corrupta” en contra de Humala, y diversos columnistas siguieron pegándoles a algunos propietarios. Las declaraciones de Correa se convierten en una alerta para recuperar la cordura.

¿Cómo funciona la libertad de prensa en las sociedades abiertas? The New York Times, The Wall Street Journal, The Guardian y El País, por ejemplo, existen porque son el resultado natural de economías libres. El mercado crea el espacio de la publicidad, y la publicidad motiva al inversionista a fundar un medio de comunicación. Para ganar esa pauta publicitaria, el inversionista necesita ineludiblemente de buenos periodistas, y un buen periodista siempre lo ha sido y lo será si es un hombre independiente del poder. De esa manera crece y se alimenta la libertad de expresión. ¿O no? En los pasados regímenes soviéticos, en los modelos teocráticos fundamentalistas y en los proyectos bolivarianos de América Latina, la libertad de prensa no existe o está amenazada porque los empresarios privados han sido expropiados o están contra las cuerdas. Los periodistas independientes nunca se han equivocado de trinchera y lucharon y luchan con uñas y dientes contra las expropiaciones.

Si la dialéctica entre el dueño de un medio y el periodista independiente es la base de la libertad de expresión, ¿qué debemos hacer los periodistas cuando disentimos de la línea editorial de la empresa? El camino lo señala el propio Vargas Llosa: renunciar y dejar que los consumidores pasen la factura. ¿O no? ¿Cuál es el otro camino? Gracias a Dios que la libertad de expresión en el país está más saludable y vigorosa que nunca. Los columnistas, inclusive, les pegan a los dueños de sus respectivos medios. Algo difícil de ver en The New York Times o en El País.

La libertad de expresión es la madre de todas las libertades desde que la autocracia fujimorista en los 90 y los proyectos bolivarianos consolidaron autoritarismos en base al sufragio. Una dictadura solo se consolida si los medios pasan al Estado o a los amigos del régimen. De allí que, en las sociedades abiertas, cualquier imperfección de mercado en la oferta informativa solo se combate con más competencia. En los regímenes de Chávez y Correa, por el contrario, se busca pretextos para expropiar.
 

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