Ulises Humala señala que, si el presidente cierra el Congreso, el pueblo lo apoyará. Un nuevo 5 de abril. No está tan equivocado. El oficialismo convierte al Congreso en un escándalo circense, se dedica a perseguir a García y a los opositores, García Naranjo desprestigia la función pública, y Chehade nos recuerda que la pus sale sola. El resultado: otra vez el hartazgo de siempre contra la clase política y sectores del pueblo que aceptarían la clausura del Legislativo.
Sin embargo, en el análisis de Ulises faltan dos elementos. Un nuevo 5 de abril solo sería posible si es que el presidente Humala controla a las Fuerzas Armadas y su popularidad se desmarca del descrédito general, no obstante que él y su entorno olearon y sacramentaron la lista parlamentaria nacionalista. Cometer dos veces el mismo pecado es pecado capital. Los institutos castrenses ya están controlados por su asesor Adrián Villafuerte, y el jefe de Estado toca pelota con la selección y carga el anda del Señor de los Milagros obsesionado con su aprobación. ¿Ingenuidad de Ulises para destapar algunos secretos? O, quizá, conocedor de algunos detalles, nos quiere alertar de algo.
Es evidente que el lado autoritario del régimen se posesiona con fuerza en Palacio, como sucedió en Venezuela. Las recomendaciones de la oposición venezolana son: no bajen la guardia y solo crean en el régimen luego de dos años. Cuando Chávez asumió el poder, ratificó a los castilla y velardes llaneros, prometió un ministerio de inclusión social y otro de tecnología y elevó los sueldos. Si Humala no hubiera copado las FF.AA. y la Policía, los peruanos de buena voluntad y el suscrito ya creeríamos en su conversión democrática y destilaríamos optimismo. Sus toques de pelota no se parecerían a los de Evo, sino a la legítima actitud de cualquier mandatario. De allí la importancia de que aparezca un rostro nítido de la oposición y que cuidemos la libertad de prensa como diamante puro.
Sin embargo, en el análisis de Ulises faltan dos elementos. Un nuevo 5 de abril solo sería posible si es que el presidente Humala controla a las Fuerzas Armadas y su popularidad se desmarca del descrédito general, no obstante que él y su entorno olearon y sacramentaron la lista parlamentaria nacionalista. Cometer dos veces el mismo pecado es pecado capital. Los institutos castrenses ya están controlados por su asesor Adrián Villafuerte, y el jefe de Estado toca pelota con la selección y carga el anda del Señor de los Milagros obsesionado con su aprobación. ¿Ingenuidad de Ulises para destapar algunos secretos? O, quizá, conocedor de algunos detalles, nos quiere alertar de algo.
Es evidente que el lado autoritario del régimen se posesiona con fuerza en Palacio, como sucedió en Venezuela. Las recomendaciones de la oposición venezolana son: no bajen la guardia y solo crean en el régimen luego de dos años. Cuando Chávez asumió el poder, ratificó a los castilla y velardes llaneros, prometió un ministerio de inclusión social y otro de tecnología y elevó los sueldos. Si Humala no hubiera copado las FF.AA. y la Policía, los peruanos de buena voluntad y el suscrito ya creeríamos en su conversión democrática y destilaríamos optimismo. Sus toques de pelota no se parecerían a los de Evo, sino a la legítima actitud de cualquier mandatario. De allí la importancia de que aparezca un rostro nítido de la oposición y que cuidemos la libertad de prensa como diamante puro.

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