jueves, 27 de octubre de 2011

EL FACTOR TOLEDO

La alianza entre Alejandro Toledo y el nacionalismo le otorga al régimen gobernabilidad y, de una u otra manera, morigera la fuerza de los núcleos autoritarios y estatistas que respiran con fuerza en el Gobierno. Si las cosas salen bien con Humala, la coalición toledista-humalista será recordada como un aporte a la institucionalización del país. Sin embargo, Toledo, otra vez, ha empezado a creerse un ajedrecista, un zorro de la política, cometiendo errores parecidos a los de la primera vuelta, cuando alentó el crecimiento de Humala. Al final, la candela que encendió lo achicharró a él mismo.

El ‘cholo sano y sagrado’ guarda silencio ante el control de Adrián Villafuerte, asesor del jefe de Estado, sobre las Fuerzas Armadas y la Policía. Se hace de la vista gorda ante el escándalo Chehade, a estas alturas, una especie de BTR del Gobierno. Perú Posible sí se muestra activo y solícito en la persecución de Alan García con la creación de la llamada megacomisión.

Conociendo la voluntad pirotécnica de Toledo, es seguro que pondrá su granito de arena para fastidiar judicialmente a Keiko Fujimori y rematar a Luis Castañeda. La estrategia es clara: Perú Posible pone el hombro por la gobernabilidad, pero pretende “despejar” el regreso del ‘sano y sagrado’ en el 2016.

Pero, una vez más, Toledo no sabría para quién trabaja. Los proyectos bolivarianos en América Latina tienen una plantilla que, en muchos aspectos, aplica Humala: control de FF.AA. y Policía, consolidación de la aprobación presidencial mientras se desprestigia el Parlamento y persecución política de los líderes de la oposición.

Al final, Toledo podría limpiar todo, pero la beneficiada sería Nadine. Una salida autoritaria se comería de un simple bocado a un Toledo solitario. Vale recordar que, en las democracias, de la investigación de la corrupción se encargan los fiscales y jueces. Nunca los políticos.

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