jueves, 1 de diciembre de 2011

CHILE, TIERRA DE POETAS


CHILE, TIERRA DE POETAS. Nicanor Parra acaba de recibir el Premio Cervantes por el conjunto de su obra. Cuando Parra publicó Poemas y antipoemas por los ya lejanos años cincuenta, quizá no imaginó que se habría de convertir el fundador del antipoema, aquella poética que usa las palabras de manera absurda y contradictoria para remecer al lector y causar un torbellino de imágenes. 
 
El premio a Parra ratifica que el país del sur es una tierra de grandes vates. Parra nos recuerda a Neruda y a su Canto general, obra que, según Harold Bloom, pertenece al canon occidental. Parra también nos evoca a Mistral, a Vicente Huidobro y al premio nacional de poesía Raúl Zurita. A propósito Zurita acaba de escribir lo siguiente para La Tercera de Chile:


La noticia del Premio Cervantes a Nicanor Parra es de una justicia infinita y la más grande de las alegrías. ¡Se reivindicó el Cervantes! Nicanor Parra nos reinventó la libertad. Su obra encabeza toda revuelta y está inscrita en el futuro. El mostró la democracia irrefutable del habla, su propiedad comunitaria y compartida, haciéndonos ver que los seres humanos, al igual que sus palabras, carecen de jerarquías y son profundamente iguales. La antipoesía cumplió con la tarea de liberar a las palabras obreras, aquellas que cotidianamente fundan la vida, de la sumisión que les imponían las palabras sagradas. Lo que su obra propone es la compartición comunitaria para la pluralidad de lo humano de todas las fuerzas que yacen mermadas, coartadas, esclavizadas bajo la tiranía de la propiedad. El habla absorbe las "grandes" obras y estas a su vez no son sino modulaciones particulares de los lenguajes de las tribus de las que nacen y en las que vuelven a hundirse. Platón, Shakespeare, Quevedo, son destellos en ese mar del habla sin más derechos que el diálogo de dos lavanderas a la orillas del río o de dos estudiantes en un bar. Es lo que Nicanor ha develado y su revolución es nada menos que eso. Al frente, prisioneros de un mundo avergonzante, creemos ser dueños de lo que está siendo escrito, de lo que está siendo hablado, y de allí la obsesión por el copyright, por la autoría individual, es decir, por el lucro. Nicanor Parra nos recuerda la incancelada imagen de un sueño negado: el sueño del fin de todo privilegio, esto es, el sueño del fin de la soledad.

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