Según una última encuesta, el presidente Humala empieza el nuevo año revirtiendo una tendencia a la baja en las encuestas y recuperando espacios. Hoy, el jefe de Estado tiene 50 puntos de aprobación que solo se explican por el viraje de timón emprendido luego de los sucesos de Conga y el relevo del Gabinete Lerner. Humala es un pragmático y rinde culto al sentido común, porque ha llegado a la conclusión de que no se puede gobernar en contra del 70% de los electores que, en la primera vuelta, votaron en contra de su primer plan anticapitalista. Al igual que los marxistas y los antiguos estrategas de las guerras previas a la explosión tecnológica, Humala respeta la correlación de fuerzas existentes (en la sociedad).
Los analistas y observadores de la izquierda aseguraban que, cualquier amenaza estatista, estaba conjurada con La hoja de ruta y el juramento de Humala antes de los comicios. Pues bien, el propio relevo del gabinete Lerner demuestra que no era así. En la izquierda mediática ahora se reconoce que “la falta de cohesión” derribó al primer equipo ministerial del régimen. La propia ofensiva de los sectores radicales contra el proyecto Conga buscaba definiciones claras de la administración humalista. Ante los titubeos iniciales, existía una disputa feroz en la sociedad por influenciar en el Gobierno porque, de manera implícita o explícita, todos sabían que La hoja de ruta no archivaba el primer plan. Sin embargo ahora todos parecen saber que el “famoso Conga va” envío al sótano de los archivos cualquier documento anticapitalista. Pura correlación de fuerzas entonces. ¿O no?
¿Significa que el futuro está resuelto? Cuando el líder se define por la correlación de fuerzas, precisamente, el futuro está encadenado a la evolución de esa correlación. Si hay dudas, recordemos el fujimorato. El reciente viaje del jefe de Estado a Venezuela y los acuerdos petroleros y comerciales han ensombrecido a algunos reavivando los temores.
Al margen de cualquier reflexión, el deber de los demócratas y libertarios es mantener y fortalecer el humor mayoritario a favor de la democracia y la economía de mercado. Los medios de comunicación, artífices fundamentales en la actual correlación política, deben mantenerse con los sentidos despiertos ante cualquier sombra. Los partidos y líderes democráticos deben ser resortes que saltan ante la menor sospecha. Puede parecer desconsiderado con los esfuerzos del régimen, pero no hay otra forma de de empujar la hoja de ruta hasta el 2016. El Perú gana, pero también el propio Humala, quien, si desarrolla un gobierno sin fantasmas, tendrá enormes posibilidades el 2021, el año del bicentenario nacional.

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