viernes, 3 de febrero de 2012

GOLPE A LA EUFORIA COCINERA


Ivan Thays ha lanzado un misil a la fortaleza de la cocina peruana en su blog Vano Oficio del diario El País calificando de indigesta a la comida peruana y, en el acto,  una explosión nuclear se produjo en los medios. Se desencadenó la respuesta de los generales de la cocina peruana encabezados por Gastón Acurio. Thays recibió el apoyo de los libertarios que le reconocen el legítimo derecho de enjuiciar un plato de comida, pero la reacción cocinera puso el tema como un asunto de orgullo nacional. Algo así como la disputa de un hito en la frontera sur.


Al margen de las intenciones de Thays, su artículo nos permite desvelar a una sociedad frívola que ha convertido  a los cocineros en una especie de “guardianes socráticos” de la cultura nacional y a la noticia del nuevo restaurante en un asunto de distinción social. Cómo es posible que semejante situación se presente en la tierra de Ricardo Palma, Gonzales Prada, Mercedes Cabello, Víctor Andrés Belaunde, Víctor Raul Haya de la Torre, José Carlos Mariátegui. Sí, cómo pasa algo así en la tierra de José María Arguedas, del Nobel Mario Vargas Llosa y otros escritores como Miguel Gutiérrez, Edgardo Rivera Martínez y el propio Thays. ¿Qué nos ha pasado?

Nadie niega el enorme valor de la revolución gastronómica que encabeza Gastón Acurio. Nadie tapa el sol con un dedo. Inversiones, empleo, empresa, cadenas productivas, todo eso es verdad. El Perú gana puntos de oro en el exterior, también es verdad. Pero de allí a sostener que esta revolución es sinónimo de inclusión social o que el cocinero empiece a opinar de todo con la autoridad de sus “campañas mediáticas” existe un enorme trecho. La inclusión social solo será posible con buenos planes de gobierno y políticas eficientes. ¿En qué lugar del mundo o la galaxia los cocineros han reemplazado el papel de las élites políticas y culturales? Todo tiene un límite y esta sobre saturación mediática de la cocina produce y producirá reacciones como la de Thays .

¿Qué puede haber llevado a los cocineros a considerar que todo es una industria de la propaganda? Vargas Llosa prepara un ensayo acerca de la sociedad del espectáculo y esperamos que se acelere el lanzamiento. En el Perú, los periódicos empiezan a cancelar sus suplementos culturales y el intelectual empieza a ser marginado por una legión de iletrados. En este tipo de sociedad, si tienes rating puedes ser escritor y el cocinero con buenas estrategias se convierte en una especie de Da Vinci moderno: puede cocinar, hablar de inclusión social, de política, de historia e, incluso, se puede atrever a ser parte de un jurado literario.

La euforia cocinera es otra expresión del derrumbe del espacio público y de la devaluación de la política. La política se ha convertido en una harapienta que arrastra los pies en el universo mediático y todos creen que pueden reemplazarla. Se equivocan. Si no hay política democrática se impondrán las teocracias, las ideologías, los nacionalismos (cocineros) y las dictaduras de diverso pelaje. Cuando la política se vuelve un trapeador, entonces, el espectáculo se apodera de lo público. Todos aquellos que ningunean a la política deberían recordar que la política nació en las ciudades griegas. A contracorriente de la influencia de los dioses, leyendas y mitos en el estado de egipcios, persas, chinos y otras sociedades antiguas, los griegos crearon leyes de hombres para el autogobierno de los propios hombres. Esas leyes y ese gobierno solo pueden ser posibles con la política, una de las diosas de la libertad.

Luego de todo esto, ¡qué viva el ceviche y el tacu tacu de mariscos!

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